2015 ~ Invierno ~ -1°

Italia ya no es el mismo que conocíamos. Se siente en el agua, en el aire...en la tierra, la destrucción arrasó con todo lo que pudo encontrar a su paso, los demonios dieron guerra a los cielos y muchos cayeron. Tres bandos: los que se encuentran de lado de Dios padre y sus ángeles, los que siguen los caprichos de Lucifer desde la ciudad central Roma y ahora también, un grupo de Neutrales que prefieren no ser partícipes del desastre. Hambre, falta de agua y de pureza en el aire. Es de valientes quienes se atreven a luchar por una historia...y marcar huella en este lugar.

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Cuando lo darías todo, incluso hasta tu vida... {Logan}

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Cuando lo darías todo, incluso hasta tu vida... {Logan}

Mensaje por Helene M. Ducci el Mar Ene 22, 2013 10:54 pm

Abrir los ojos de par en par y encontrarte con nada más que con la oscuridad...con aquella oscuridad en la que se ha visto tu vida envuelta desde hace bastante tiempo. Pensar ¿Por qué sigo viva? Y entonces, girar y encontrarte con la respuesta durmiendo placenteramente a tu lado, en tu cama.

Examino el rostro del pequeño niño de casi cinco años mostrarse tranquilo, está cómodo allí conmigo porque es en donde se siente más tranquilo, es lo que me dice, es lo que pasa siempre cada noche de tormenta cuando llega a mi habitación preguntándome si podía dormir conmigo. Yo acepto, por supuesto. ¿Cómo negarle aquello a aquel pequeño de ojos azules? ¿Cómo negarle algo a alguien que es la viva imagen de su padre? ¿Cómo negarle el poco de la tranquilidad que puedo darle, cuando él es lo último que me queda, lo único que me mantiene viva?.

Entonces sé que hoy me odiará, y tal vez lo fuese a hacer por el resto de su vida...pero ése es el punto, que viva. Ningún niño merecía tener que vivir con todo este mal abundando por las calles, sobre todo cuando sabía que habían demonios de Lilith que aún me mantenían en la mira...y que querían nada más que torturarme, que hacerme la vida más difícil de lo que ya era. Sí, había sido culpa mía también. No había sido capaz de defender a mi marido cuando el ángel más poderoso se presentó y le arrebató la vida...cuando a mí también me arrebató la vida, cuando dejó ese vacío en mi corazón que hasta el día de hoy me hace tragar saliva incómoda con un nudo en la garganta.

Me levanto despacio, sin hacer ruido...y empiezo a caminar de un lado a otro por la habitación cambiándome, colocándome un abrigo largo sobre los pantalones y el suéter blanco sencillo, ropa que me servirá para soportar el frío que invade Italia en ésta época del año. Me arrodillo debajo de la cama, doy un ligero golpecito a una tablilla que se encuentra sobresaliendo levemente y ésta se abre, dejando ver un hueco del tamaño de una caja de zapatos. Extraigo del lugar una caja de metal y, sentándome al borde de la cama, empiezo a guardar en la mochila de mi hijo cada cosa que hay allí: guardo las fotos en las que salimos los cuatro, Logan cargando a Alice sobre sus hombros y yo con Alec en brazos, los cuatro sonriendo a la cámara mientras decimos "Chis!". Guardo varias de estas y que en su mayoría, tienen imágenes de Alice, aquellas que había usado estos tres años enseñándoselas a mi hijo para que no olvidase el rostro de su hermana gemela. No dejo que el recuerdo de Alice acuda a mi mente, no puedo permitírmelo...tengo que seguir con mi trabajo antes que el sol empiece a salir, aunque aún queda tiempo de sobra. Guardo también prendas de ropa, sólo la necesaria y en un bolsillo, una gran cantidad de dinero, ahorros que he venido juntando para él, sé que nada le faltará allá. Guardo una hoja doblada en cuatro, en la que hay palabras escritas de mi puño y letra, palabras que les será fácil entender al pequeño niño.

Me acerco hacia Alec y le doy un beso en la frente-Alec, cariño, despierta-él se niega y se abraza a la almohada con más fuerza ya que claro, no es nada fácil para un niño despertarse alrededor de las dos de la madrugada. Como se encuentra en estado de zombie, empiezo a desvestirle para quitarle el pijama y ponerle la ropa que llevará el día de hoy, unos pantalones abrigados, una camiseta y sobre este un suéter, zapatillas y por último, el abrigo. Se soba los ojos despacio, me mira extrañado y luego empiezo a guardar su pijama en la mochila para después cerrarla. – ¿A dónde vamos, mamá? –me pregunta y yo bajo la mirada hacia él, echándome la mochila al hombro mientras él toma sus guantes felpudos. –A Roma, no te preocupes, no pasará nada malo- me atrevo a decirlo pensando en que tal vez estaré mintiéndole con que estaremos a salvo, pero él lo sabe…y él entiende que se tendrá que quedar por un tiempo allá, lo he hablado con él por supuesto. Mi hijo asiente a pesar de la preocupación empezar a asomarse por su rostro, le coloco la capucha y yo también la mía, tomo de su mano y salgo de casa, ir a la estación de trenes no queda tan lejos.

Al llegar, tomamos el tren hacia Roma y en el camino, dejo que Alec se recueste contra mí mientras continúa durmiendo. Yo mantengo una de mis manos alrededor de él y mi mirada en la ventana, observando la destrucción y todo lo que el 2012 dejó atrás con el “fin del mundo”. Las horas pasan, me mantengo despierta y al tanto hasta que llegamos al lugar y al bajar, noto toda la “seguridad” presente. Apego a Alec contra mí mientras caminamos por las calles, por suerte la estación no queda lejos del vaticano y los transportes públicos en este lugar no son la mejor opción. Caminamos en silencio, observo yo de un lado a otro antes de cruzar la calle o antes de pasar por algún lugar desconocido. Empezando a notar en cansancio de Alec, le tomo en brazos por un rato ya que para un niño ya es suficiente todo lo que ha caminado. Las calles aún están oscuras y vagamente iluminadas por las farolas, pero falta poco tiempo para el amanecer…y que se vuelva todo incluso más peligroso.

Una sombra oscura pasa frente a nosotros y me veo obligada a parpadear varias veces, pero no me detengo, es más, acelero el paso. Sé que Alec nota mi preocupación, pero le mantengo aferrado a mi cuerpo mientras me acerco más, hasta que de nuevo, tal vez, la misma sombra, empieza a acercarse. Me giro, caminando hacia el lado contrario y mi corazón se detiene por unos segundos al ver el callejón que carecía de salida. Enterré el rostro contra el cabello desordenado de mi hijo abrazándole y sintiendo la respuesta, luego alzo la mirada hacia el demonio-Por favor… no lo hagas, a él no…-súplicas, palabras que pedían a gritos un poco de piedad porque le había prometido prácticamente a Alec que estaría bien…y yo iba a conseguirlo, iba a lograr hiciese lo que hiciese que él estuviera a salvo, con los ángeles allá en el vaticano. Tierra santa, tierra pacífica y tranquila…todo lo contrario al resto de Italia.




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Re: Cuando lo darías todo, incluso hasta tu vida... {Logan}

Mensaje por Logan A. Evertdeen el Miér Ene 23, 2013 6:12 am

Calor, ardor, fuego, cenizas, dolor, oscuridad, soledad, pánico, miedo, maldad, desdicha, depresión... Eran un sin fin de sensaciones las que embargaban mi cuerpo en aquel momento en el que la espada sagrada del Arcángel Miguel atravesaba mi pecho con la fuerza demoledora de un huracán. No tenía ni idea del poder de aquel ser sagrado hasta ese mismo momento. Él podía con nosotros, el podía con cada uno de los que se propusiera y sin embargo, no sentía haber muerto, sentía estar preso, acorralado, marginado en el lugar más recóndito del mundo, pero no muerto, porque una vez muerto, tu ser desaparece de la faz del firmamento y el mío seguía pensando, seguía sintiendo y sobre todo, se sentía vivo. ¿Qué me había hecho? ¿Por qué no me había matado del todo teniendo esa oportunidad? Acaso había una segunda oportunidad para mi? Acaso estaba mostrándome lo que era capaz de hacer con un simple toque de su espada? Yo era feliz, con ella, con mis hijos, y en el momento menos pensado vino para arrebatármelo todo sin piedad alguna, como cuando yo tampoco hice uso de esa piedad en cada una de las víctimas a las que les robé la vida, la felicidad, a quienes les robé sus seres mas queridos por tan solo mi oscura alma. No me merecía ningún tipo de misericordia y sin embargo, el arcángel Miguel parecía haberme dado un toque de atención.

Fueron muchos los meses que me sentí preso. Como cuando les ocurrió a los Titanes encerrados por Zeus bajo del océano. ¿Cuanto tiempo había pasado? 1 año? tal vez 2? No tenía ni nocion del tiempo, ni del lugar ni siquiera de mi mismo pero ahi seguía, volviendome loco, pensando en como podría estar Helene, Alice y Alec. ¿Estaban sobreviviendo sin mi? El no saber que había ocurrido al final con el mundo hacía que me desesperase, me aterraba la idea de pensar que tal vez podían estar muertos si es que Lucifer había alcanzado el poder, o por el contrario, viviendo felices en el caso de que Miguel hubiese cumplido su misión.

[...]

-Aequam memento rebus in arduis servare mentem- Recitaba la reina Lilith alzando sus manos en la oscuridad de la noche justo en el centro del coliseo romano. -Ubi concordia, ibi victoria- Dispuso después Lucifer haciendo su mismo gesto frente a una especie de ritual satánico. -Ut desint vires, tamen est laudanda voluntas Azazel- Tras las últimas palabras de Lilith, comenzó a alzarse un viento oscuro, unos ruidos ensordecedores dio inicio a la formación de una enorme silueta oscura en pleno crecimiento, como si millones de partículas estuvieran reuniéndose frente a esta para terminar de acabarla. -¿Estás segura mi mujer?- Preguntó el rey de los caídos con ojos curiosos a la que era su mayor adoración. -No confio en el príncipe de la milicia celestial, y trayendo de vuelta a Azazel, nos aseguramos que nos deba un favor, no va a volverse contra nosotros porque su vida pende de tus manos, él se encargará de Miguel, si es que acaso alguna vez es necesario- Susurró y finalmente aquella silueta terminó de formarse. -Azazel, bienvenido a casa- Dijo Lucifer posándose frente a su mejor demonio, tal y como lucía ahora. Sus músculos ardían como la misma lava, un par de alas rojas escamadas nacían de su espalda, su cara era el mal personificado, sus ojos, azules como el cielo delataban quien era. -Puedes tomar tu forma humana cuando lo desees, pero en Roma, que es donde vas a estar, prefiero que luzcas así, eres el mismísimo Caos.- Añadió con sonrisa triunfante y fue hacia Lilith, posando su brazo alrededor de la cintura de esta a modo protector. -Tengo a tu hija, Azazel, la verás pronto- le dijo la morena y en un abrir y cerrar de ojos ambos desaparecieron.
[...]

Pasaron meses desde mi regreso. Había estado todo el tiempo en Roma. Lucifer no me permitía salir de la capital hasta que no hubiese estudiado cada sector, cada distrito, hasta que no hubiese investigado minuciosamente cada raza que perduraba en la perdición que era ahora el mundo. Y lo había hecho, pero también había estado controlando cada uno de los movimientos de Helene y Alec. Me dolía más que cualquier tortura el no poder tocarla, verla, sentirla, aunque gracias a ese vínculo de sangre podía saber como se sentía ella, podía saber que sensaciones la embargaban y más aun, sus deseos más profundos, me reconfortaba saber que en cada uno de ellos yo estaba ahi.

No pasó desapercibida para mi su presencia en la mismísima Roma. Era la oportunidad para poder verla, para poder entregarle a Alice y que la dejase junto a Alec. No era seguro ningún lugar, tenía pensado entregarle las llaves del Palazzo di Evertdeen el cual lucía en todo su esplendor, donde ninguna raza atrevía a pisar si es que no quería ser sucumbida en llamas.

Hice mi aparición no muy lejos de donde ella estaba intentando pasar desapercibida. Crucé mi sombra frente a ella y la hice detenerse asustada. Tenía miedo, temía por Alec y su seguridad. Acto seguido me detuve frente a ella dificultándole mi visión. Lucía en mi forma demoníaca y esto no era agradable. Me acerqué despacio provocando que el suelo temblase con cada paso que yo daba. Las casas se movían e incluso algunos tejados caían ante mi avance. Mi cuerpo desprendía un calor abrasador, podía quemar y hacer arder cualquier cosa con mi mismo tacto. Casi a un metro de ella donde ya podía verme con claridad, la miré, la observé aterrada. Después mi mirada pasó al pequeño que temblaba y me sentí culpable de lucir así y no en mi forma humana. -Espera- Retumbó mi voz en cada rincón de Roma y una nueva sombra negra se alzó sobre mi silueta dando paso a mi imagen normal, la de LOGAN.

Respiré profundamente porque mi cuerpo rebosaba de poder, porque sentía que podía explotar de la enorme capacidad de destrucción que tenía dentro de mi, pero tendría que aprender a controlar esto si quería pasar desapercibido por cada uno de los sectores en los que estaba dividida Italia. La miré, deseaba tocarla, deseaba besarla, quería coger a mi hijo entre mis brazos porque a Alice ya la había podido ver, estar con ella, tratar de que Lilith no la acaparase con su forma de educarla. Me acerqué despacio hacia ella con miedo a que saliese corriendo, con miedo a que gritase y alguien pudiera hacerle daño, que no sería el caso puesto que sería capaz de matar a cualquiera que quisiera ponerle una mano encima. -No tengas miedo- Susurré con mi voz tosca de siempre y posé una de mis manos en su mejilla acariciándola. -Ten cuidado, habrá tiempo para las explicaciones, lo importante es que llegues al Vaticano y dejes a Alec en buenas manos- Dije y fue entonces cuando me acerqué y di un beso al pequeño en la frente, sintiendo como su miedo ya no existía, como él recordaba perfectamente quien era su padre. Los ojos de Helene parecian no creer lo que estaba viendo y yo no podía aguantar más la necesidad de sentirla. Alcé su mentón con uno de mis dedos para que me mirase directamente a los ojos, la distancia que nos separaba era mínima. -Estoy aquí y no voy a dejarte- Le repetí y fue entonces cuando me incliné para rozar sus labios y besarla despacio. Alec observaba con una sonrisa en su rostro feliz de que sus padres estuviesen juntos. -Quiero que cambies de hogar- Le dije con seriedad en un susurro todavía rozando sus labios. -Mudate a Palazzo di Evertdeen porque allí nadie entra, solo Dean. Dentro de unos días te entregaré a Alice y harás lo mismo que estás haciendo ahora, pero no puedo permitir que vivas en Florencia, no en plena rebelión.-



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Re: Cuando lo darías todo, incluso hasta tu vida... {Logan}

Mensaje por Helene M. Ducci el Jue Ene 24, 2013 1:20 am

Mantengo mi aliento contenido, inspiro profundamente al sentir la fría pared de piedra contra mi espalda e incluso haciéndome un poco de daño, pero no le hago caso a esto…es una sensación secundaria a la cual no me doy el derecho de sentir. Me ferro el pequeño cuerpo de mi hijo sintiendo su respiración contra mi cuello, notando el cómo al igual que yo, tiembla al escuchar las fuertes pisadas que retumbaban por todo el lugar a medida que aquel ser del infierno se acercaba a nosotros y a medida que lo hacía, el frío del ambiente desaparecía empezando a sentirse un calor abrazador, potente y a la vez, agotador.

El ser pareció bajar la mirada hacia Alec cuando murmuró un suave “mamá” notándole luego de observarme a mi curiosamente, una de mis manos se posaba sobre la cabeza del niño mientras me mantenía erguida, protegiéndole con lo poco que me quedaba de vida en aquellos instantes. El corazón me latía con fuerzas, pero el ser se giró diciendo un leve “espera” que me hizo fruncir el ceño. El pánico al volver a resurgir la sombra negra me hizo pensar en mil y un cosas distintas que podrían pasar en menos de un segundo y cómo haría para que, si me daba la oportunidad, de pedir de nuevo que no le hiciese daño a él.

Todo el aire que había contenido en mi interior por esos segundos se sintió libre de mezclarse con el viento, libre de dejarme y provocarme aquella sensación de ahogamiento que ya empezaba a sentir con el paso de los segundos. Mi mirada se mantuvo posada en él, en su cuerpo…en cada parte que le caracterizaba tanto y que me hacía soñarle casi todas las noches. Cuando estuve a punto de dar un paso hacia él me quedé quieta, dejando que una expresión de desconfianza se apoderara de mi rostro. –No…-susurro apretando los ojos y quedándome estática. No puedo confiar fácilmente en la figura de Logan allí frente mío. ¿Cuántas veces Lilith había jugado con mi mente haciéndome verlo, torturándome para creer que él estaba allí? ¿Cuántas veces me había envuelto en lágrimas al notar que no era más que una simple ilusión y al volverme a resignar a que estaba sola en esto?

Miro hacia otro lado encogiéndome un poco y sintiendo el cómo se acerca más hacia nosotros mientras mi mente trata de protegerme para evitar que volviese a casa con el corazón dañado una vez más. Entonces, alza su brazo y lleva su mano hacia mi mejilla…entonces, lo entiendo todo. Y es como si una vez más, me volviera el alma a donde pertenece. Le siento cerca, no porque lo esté, sino porque el vínculo que tenemos ambos sigue allí, presente y atado a su forma humana, a ese Logan en quien se transformó luego de darnos un buen susto a Alec y a mí. No me doy cuenta de las lágrimas que se deslizan silenciosas por mis mejillas sino hasta que me veo reflejada en los ojos de él, que me examinan de igual forma tratando de incitarme a que me quede un poco más tranquila, informándome que ahora está aquí…

Pero entonces me recuerda a qué había venido luego de dejar un beso en la frente de Alec quien le reconoce a los segundos: aún recuerda al hombre de las fotografías que tiene ahora en su mochila y sabe que es su padre. Y que se parece a él de un modo aterrador, sobre todo por eso ojos azules y la sonrisa pícara que ambos pueden colocar, o la mirada de perrito mojado que solía usar Alice conmigo cuando me pedía chocolate. Asiento ante sus palabras volviendo a la realidad, pero por algo de tristeza trataba de rehuirle con la mirada. Me daba pena el hecho de saber que nos habíamos encontrado aquí en Roma, cuando estaba a minutos de entregar a mi hijo para que éste esté sano y salvo, y no de tratar de ofrecerle más protección. Suelto un pequeño suspiro y alzo la mirada cuando él me toma del mentón y me obliga a hacerlo…y entonces, siento sus labios a centímetros de los míos pronunciando aquellas palabras que me dejan un poco tranquila y el hecho de corresponder al beso con todas mis ansias es lo de menos. Le beso como si fuera la primera vez, de una forma algo torpe pero de la manera en la que siempre le he besado, disfrutando de sus labios luego de casi tres años de no haberlos sentido. Ambos nos damos cuenta de la sonrisa pequeña en los labios de Alec y entonces alzo la mirada al cielo, cierro los ojos unos segundos y vuelvo a observarlos a ambos-Luego podemos hablar de eso… ¿no?-pregunto en voz baja a Logan mordiendo mi labio inferior despacio: tengo que aprovechar a llevar a Alec antes del amanecer. Entonces el rostro se me ilumina ante la mención de Alice-¿La has visto? ¿Está bien?-pregunto por la pequeña niña de dos años que me arrebataron de los brazos una noche fatídica luego del desastre. Bajo a Alec de mis brazos y le acomodo, vuelvo a mirar a Logan y tomo una de sus manos, dejando en medio de la palma de esta el anillo suyo, aquel que he llevado consigo por todos estos años. –Te pertenece-susurro cerrando su mano despacio y entonces, tomando la pequeña mano de Alec empiezo a retomar mi camino, alejándome de Logan y llevando conmigo al niño que, al llegar al vaticano, se sorprende.

-Te quedarás aquí por un tiempo ¿sí? Estarás a salvo, no habrán hombres malos…me aseguraré de venir a recogerte lo antes posible-arrodillada frente a Alec le tomo por los hombros despacio y poso mi frente contra la suya-Escuchaste a papá, ¿no? Alice está bien, pronto la podrás ver-su sonrisa me deja tranquila y Alec, el pequeño de pocas palabras, me abraza como sólo él lo sabe hacer y lograr arrebatarme una sonrisa del rostro. Camino hasta la entrada, dejo que me detengan aquellos ángeles, pero ya saben qué hacer a partir de ahora, los más débiles eran siempre recibidos en aquel lugar y a un niño pequeño no se le iba a impedir la entrada. Le dejo su mochila, él la toma con cuidado y veo a mi hijo alejarse, volviendo su mirada hacia mí y luego desapareciendo por una esquina, siendo guiado por un ángel.

Me alejo también despacio, volviendo a tomar aire y regresando por el mismo camino. Ya ha amanecido y ahora los seres empiezan a salir desde sus “hogares”, merodeando. Empiezo a correr por las calles sin detenerme, Logan sabe cómo encontrarme por medio del vínculo pero debo de salir de Roma antes que llegue a oídos de Lilith que he entrado a las tierras que le pertenecen.


Última edición por Helene M. Ducci el Mar Ene 29, 2013 3:06 pm, editado 1 vez




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Re: Cuando lo darías todo, incluso hasta tu vida... {Logan}

Mensaje por Logan A. Evertdeen el Lun Ene 28, 2013 12:20 am

Cuando lo darías todo, incluso hasta tu vida.
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No iba a ser fácil. Ni siquiera esta vez tenía la suficiente confianza como para pensar que el futuro que le esperaba a mi familia fuese esperanzador. Había estado en la plena oscuridad 3 años y Helene había tenido que superar cada obstáculo que el mundo le ponía sin mi ayuda, sin mi protección, sintiendo la impotencia y notando como notaba que por momentos estaba perdiendo la cordura. Jamás había experimentado una tortura tan temeraria como a la que Miguel me había sometido el día en el que me robó la libertad. Por momentos creía que mi muerte era inminente, pero aquel ángel, aun diciendo no ser misericordioso me dio una segunda oportunidad, por ello es por lo que Lilith y Lucifer me han podido traer de vuelta, ese es el gran problema, ahora les debo todo, una pura y limpia lealtad, poseen mi alma, mi voluntad.

Cuando Helene volvió a entregarme el anillo de compromiso me volvió a inundar esa sensación de volver a nacer. De cuando pierdes algo que quieres con locura y después lo recuperas en el momento más inesperado. Como si mi corazón volviese a latir despues de más de mil días a pesar de no tener tal órgano. Porque los demonios no tenemos corazón, no somos seres limpios, en nuestras entrañas no hay pureza... A pesar de amar con la más grande de las fuerzas, siempre hay algo oscuro, siempre existe esa semilla infernal que nos caracteriza, que jamás nos podrá hacer cambiar, soy lo que soy porque en su día elegí este camino, ahora no hay opción de redimirse. Pero el sentirla, el poder experimentar como ella me transforma, me convierte y me cambia, todavía me hace sentir que hay algo en mi de mis orígenes, que aquel ángel que una vez Dios creó todavía no ha muerto, sigue muy dentro, en mi subconsciente, deseando con ganas hacer las cosas bien aunque solo sea por los que quiero, por ella, por mis hijos.

Helene se había girado ante mi atenta mirada para salir sigilosamente de Roma. Aquel sitio era un hervidero demoníaco. Lucifer estaba más entusiasmado que nunca con sus teorías y planes para sembrar el caos y el terror en lo que quedaba de mundo, y todo por la llegada de Lilith, puesto que esta se sacrificó por amor, por hacer que el rey del mal volviese a la vida y ahora todo desembocase en lo que la situación nos envuelve. No podía salir de Roma pero si podía supervisar con mi vigilancia que a Helene no le ocurriese nada en su trayecto de vuelta al hogar. Tampoco iba a permitir que siguiese viviendo donde estaba, aquello no era seguro, en Florencia se sucedía una catástrofe tras otra y no era lugar para mi mujer, no soportaría la idea de que pudiese pasarle algo.

No le costó salir a las afueras, en ese mismo instante en que me aseguré de que ningún demonio le había puesto el ojo encima fue cuando salí en su encuentro. Nadie sospechaba que ella había estado en Roma, tal vez Lilith si, porque esa mujer lo controla todo, pero yo mismo tendría unas palabras con la demonio cuando la pudiese volver a ver cara a cara. Ya había amanecido y los claros de los bosques se distinguían con facilidad. Sin previo aviso y sin que Helene pudiera esperarlo aparecí frente a ella entre humo negro puesto que así era mi modo de transportación. -No vas a volver a Florencia- Dije con una voz tosca considerable mientras me dirigía hacia ella y la rodeaba con mis brazos, aferrándola con fuerza, no quería soltarla. Sentía su cabello rozar mi cara e inhalé nuevamente ese aroma que todo su ser desprendía y que a mi tanto me llenaba. -Tenemos tanto de que hablar... Tienes tantas cosas que contarme - Susurré despacio mientras acariciaba su espalda. Tenía necesidad de sentirla, tenía ganas de poseerla como tantas veces lo había imaginado mientras estaba en la plena oscuridad de la nada. -Perdóname por todo- Dije esta vez con una voz un poco más elevada para que sintiese mi sinceridad. Pero ¿Qué podía hacer yo ante el Arcángel Miguel? Solo Lucifer se le puede equiparar en fuerza y aún así el arcángel tiene las de ganar, salvo ahora, que se ha convertido en otro de nuestros caídos.

Con mi diestra aferré su cintura pegándola hacia mi y con mi otra mano incliné su rostro para que me mirase a los ojos. Su cuerpo estaba encajado con el mio, ambos de pie, rodeados de árboles que todavía sobrevivían a la masacre mundial. -Me volví loco Helene, me volví loco entre tanta soledad. Por primera vez sentí como la nada y la oscuridad me inundaban hasta asfixiarme. Incluso sentía que iba a perder la cabeza, que la locura iba a llevarse lo poco que quedase de mi, pero pensar en ti me mantenía con fuerza- Confesé nuevamente y me incliné para rozar sus labios despacio, mi mano que antes estaba posada sobre su mentón, ahora acariciaba su mejilla con suavidad. -Han sido Lilith y Lucifer quienes me han invocado de nuevo Helene. Y me debo a ellos pero ten por seguro que tú y nuestros hijos seguís siendo lo primordial de mi eternidad- No mentía, era cierto, mi alma pertenecía a los reyes del infierno pero todo mi ser se rendía a Helene, ella era la única capaz de dominarme.





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Re: Cuando lo darías todo, incluso hasta tu vida... {Logan}

Mensaje por Helene M. Ducci el Mar Ene 29, 2013 10:03 pm




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barely breathing

holdin' on to you.

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A pesar de la presencia del sol, el frío se mantiene presente y por ello tengo que varias veces frotar mis manos una contra otra o también calentarlas con mi aliento, para luego guardarlas en los bolsillos de mi abrigo. El correr de prisa me quita el aliento en menos de lo que espero, hasta pienso seriamente en convertirme en algún animal ágil y salir más rápido de Roma pero no puedo hacerlo… no cuando cualquier demonio podría darse cuenta de mi presencia y obligarme a volver a mi apariencia humana y normal, claro que esto supondría casi como una tortura ya que las conversiones obligadas suelen ser dolorosas y desgarradoras.

Apoyo mi espalda contra un muro inclinándome levemente para tratar de recuperar el aliento y respirar bien: el aire frío pasa por mi garganta y me hace hasta doler, por lo cual me encojo débilmente sintiendo también mis mejillas congeladas. Niego con la cabeza y me quedo allí, unos segundos, en una calle donde al parecer ya no hay tantos seres, dándome un tiempo para tranquilizarme y pensar…pero el pensar me hace mal en esos momentos logrando hasta sentir los ojos húmedos, amenazantes por dejar brotar las lágrimas de una mezcla de emociones.

Al alzar mi mano derecha noto en esta el anillo dorado y hasta noto mi reflejo, no puedo evitar que una sonrisa pequeña, algo torcida y parecida a una mueca, se asomase por mis labios. Esta vez ya no me asusto cuando de la nada aparece Logan, porque vuelve a existir ese vínculo que me hace sentir completa y me hace sentir a salvo. Su voz a pesar de ser tosca y con un tono bastante serio, no me asusta… porque le conozco y yo ya le he visto en todas sus formas, he aprendido a confiar en el único ser que sé que ya no me hará daño. Al sentir el cómo se acerca a mí y me rodea con sus brazos dudo un poco, como si tuviese que aprender de nuevo a darlos. Luego de tres años inconscientemente había guardado los míos para este momento, jamás me había permitido darme por vencida ya que sabía que después de todo, él siempre volvía.

Juntos habíamos superado tantas cosas que, al recordarlas en ese momento, escondo el rostro contra su cuello inspirando su aroma y dejando que las lágrimas silenciosas salieran por mis ojos, que fuesen libres y hasta mojasen su camiseta. Su calor me aleja de todo tipo de frío invernal, me reconforta y me hace rogar mentalmente que éste no fuese solamente algún otro sueño de esos tantos que he tenido durante esos años. Deseo que el momento no se acabe, deseo que se mantenga allí aferrándome a él de la forma en la que él solamente sabe hacerlo y que nunca me soltase, que ya no se fuese y que ya no hubiese más peligros. Tiemblo un poco y me riño mentalmente, pero el sentir mi corazón latir con tantas fuerzas de nuevo me hace sentirme completa y a la vez me recuerda lo fácil que es salir herida, lo fácil que es que alguien te arrebate a quien más quieres…y lo difícil que es reponerse, o tratar de sobrevivir con ese pesar oprimiéndote el pecho.

-Tengo qué-susurro con voz entrecortada, separándome un poco para observar a ese par de ojos azules que me transportan a un mundo completamente paralelo y distinto, en el que las cosas van bien y me siento tranquila. –No, no…no pidas perdón, no fue tu culpa...-sus palabras me hacen abrazarle con más fuerza porque sé que en esto hemos sufrido los dos, lo puedo sentir en sus palabras llenas de absoluta sinceridad. Escucho cada una de las cosas que dice en silencio dejando que una de mis manos se deslice por su espalda de forma firme, así como él también me apega a su cuerpo como si no quisiera dejarme ir. –Pensar en ti me mantenía con vida, Logan. No sabes cuántas veces se ha pasó por mi cabeza el matarme, pero no podía… si lo hacía me convertiría en la persona que no querías que fuese, hubiese sido fácil el llevarme al infierno…y ya no podría salir de este, ya no. Lilith me mataba cada día más con tu recuerdo, he llegado al punto de no poder siquiera cuidar a Alec… pero el pensar en el que tal vez, en el que tal vez algún día volverías me hacía reponerme. Me decía a mí misma que ahí estabas observándome y que al igual que yo, estabas atrapado en este menudo desorden en el que se ha convertido todo. No sabía qué hacer…-susurro completamente avergonzada contra sus labios, confesándolo todo ante él porque sabía que éstas eran cosas que él debería de saber, que debería de saber que al igual que a él, se me había hecho bastante difícil estos años. –Pero aquí estás, aquí estás…-digo al instante cuando me explica lo de Lucifer y Lilith-y tengo miedo que vuelvas a desaparecer-mi susurro se convierte en parte de una fría brisa mientras rozo despacio mis labios contra los suyos y me abrazo más a él, dándole un beso delicado, lleno de amor, miedo, tristeza y felicidad a la vez.




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Helene Marie

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Re: Cuando lo darías todo, incluso hasta tu vida... {Logan}

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