2015 ~ Invierno ~ -1°

Italia ya no es el mismo que conocíamos. Se siente en el agua, en el aire...en la tierra, la destrucción arrasó con todo lo que pudo encontrar a su paso, los demonios dieron guerra a los cielos y muchos cayeron. Tres bandos: los que se encuentran de lado de Dios padre y sus ángeles, los que siguen los caprichos de Lucifer desde la ciudad central Roma y ahora también, un grupo de Neutrales que prefieren no ser partícipes del desastre. Hambre, falta de agua y de pureza en el aire. Es de valientes quienes se atreven a luchar por una historia...y marcar huella en este lugar.

Solo cabe decir...buena suerte.
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El agua no se le niega a nadie {PRI-VA-DO!}

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El agua no se le niega a nadie {PRI-VA-DO!}

Mensaje por Erick A. Lombardo el Miér Ene 30, 2013 10:34 pm

Un andar lento, las vestimentas sucias, el cabello echo un desastre y el deseo de encontrar algo que comer, o aunque sea alguien con quien hablar. Por aquellos días satisfacer las necesidades básicas era un lujo que pocos podían darse. Erick, miraba por encima del hombro cada cierto tiempo, para asegurarse que nada ni nadie estuviera tras sus pasos, mientras avanzaba por las vacías calles de Venecia. No sabía si las criaturas que habían devastado las calles del mundo entero, tenían alguna debilidad por el sol, pero al menos según pudo ser testigo en algunas lamentables ocasiones, y según las historias que había oído de otras personas, pudo deducir que las criaturas tenían hábitos nocturnos, o tal vez simplemente les parecía más divertido hacer de las suyas cuando todos dormían, aunque dormir estaba incluida en la lista de necesidades básicas, y tal como se dijo al comienzo, es un lujo que pocos podían darse.

Sintió en ese momento que la tripa le rugía y no era por el proceso normal de la digestión, más bien se debía a la falta de ésta. Erick hizo un cálculo mental mientras se tocaba el abdomen, fácilmente podrían haber pasado diez a doce horas desde la ultima vez que había comido, eso además de que sus comidas cada vez eran menos abundantes. Miró a su alrededor en busca de una idea y sus ojos azules se clavaron fijamente en una casa que resaltaba del resto por no tener deterioro alguno. Se acercó a la puerta y llamó al menos tres veces antes de decidir echar un vistazo por una de las ventanas, parecía limpia y en buen estado, pero igualmente desolada que el resto de la cuadra. Erick jamás había hurtado nada en su vida, pero en los tiempos que se estaban viviendo, con una necesidad tan grande y el estomago que le pedía a gritos llenar ese vacío y saciar su hambre, no le quiso dar muchas vueltas a la idea de entrar en aquella residencia, tomar algo de comida y salir lo más rápido posible. Sus habitantes, si los tenía, no se enterarían nunca de que él estuvo ahí. Al menos ese era el plan.

- tal vez fue abandonada hace poco - se dijo a sí mismo. De cualquier forma quería hacerlo rápido por si estaba equivocado. Rompió el cristal con la ayuda de una piedra y con dificultad se trepó para poder ingresar. El interior estaba bien decorado, con muebles muy elegantes, pero nadie se encontraba en su interior. Recorrió todo el primer piso en busca de la cocina, y una vez la encontró, se apresuró a comprobar que había agua potable, para luego ponerse a revisar la despensa y el refrigerador. Comió de todo cuanto pilló hasta sentirse satisfecho, y se apresuró en dirigirse a la ventana por la que había entrado.

La suciedad sin duda es algo incomodo, más si se trata de una suciedad que se lleva acumulando por días y más días. Erick sabía, por el estado de los alimentos, que esa casa tenía dueño y que lo mas probable es que pronto volviera, por lo que debía salir en ese mismo momento. Pero la necesidad de deshacerse de la mugre y el mal olor que traía encima le hizo confiarse en que no tardaría demasiado - ¿cuanto podría tardar? cinco minutos, como máximo.

Se metió rápidamente al baño y comenzó a quitarse las prendas lo más rápido que le fue posible para meterse bajo el chorro de agua tibia, que maravillosa sensación, su ultimo baño lo había tomado en las frías aguas de un riachuelo. En medio de aquel invierno italiano, se agradecía el hecho de no tener que repetir esa experiencia. Solo pasaron dos o tres minutos aproximadamente, y acababa de enjuagarse la espuma del shampoo, cuando escuchó que alguien cerraba la puerta de la casa. Asustado, cortó el agua de inmediato y se quedó ahí petrificado por un momento, atento, esperando escuchar algo más, mientras sentía que el corazón se le aceleraba. Salio con cuidado de la ducha para tomar su ropa, rogando que un milagro le salvara de que le descubrieran desnudo, y sobretodo, que los habitantes fueran personas normales. !Maldición! Si tan solo hubiera esperado unos pocos minutos, no estaría en aquella situación, podría haber pedido las cosas de buena forma, en vez de entrar por la fuerza y tomarlas sin permiso.


Última edición por Erick A. Lombardo el Sáb Feb 02, 2013 5:38 pm, editado 1 vez
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Re: El agua no se le niega a nadie {PRI-VA-DO!}

Mensaje por Stephen Saunière el Jue Ene 31, 2013 12:08 pm

El sol aún se encontraba en lo alto de la devastada ciudad de Venecia. Stephen caminaba por las calles, rumbo a su casa, con la mente concentrada en memorias del pasado. Memorias que todo ser humano, cuya edad le permitiera haber gozado de las regalías del verdadero mundo, aquel en el que tener casa, agua y alimento era lo mínimo a lo que todo hombre podía aspirar, podía poseer. Era increíble en lo que se había convertido aquel enorme planeta, dejando a la humanidad casi en peligro de extinción, retrocediendo en el tiempo, guiándolos a la edad media. ¿Edad media? ¡Edad de piedra! Sí, aquella época en la que el mejor cazador podía gozar de comida, el mejor sastre podía vestir ropa y el más valiente sobrevivía. Aquella época donde no había amor o esperanza, donde se vivía el día a día y las relaciones interpersonales se creaban por conveniencia, siempre con el fin de poder alcanzar a disfrutar de un nuevo día.

Entró en su casa, por la cual siempre agradecía a aquel Dios que había sido testigo de cómo le arrebatan a su familia sin hacer nada por detener al culpable de dicha hazaña, ingresando a la cocina de inmediato, dejando la pequeña compra encima de la mesa, sabiendo que estaría solo a aquella hora de la tarde. Sus padres adoptivos le habían informado que estarían fuera de la ciudad por unos días, sin darle mayores explicaciones, algo que él jamás les pediría, mientras que su hermana había salido con ese idiota rubio que a Stephen le provocaba la misma satisfacción que una espina clavada en el trasero. Algo tenía Aaron que sencillamente no le terminaba de encajar, no obstante había pasado demasiado tiempo buscando a su pequeña enana y lo que menos quería era pasarse la vida discutiendo con ella, motivo por el cual le permitía salir con el rubio, siempre y cuando respetaran los horarios de llegada. Clarisse era ciega, así que no podía esperar a que ella se diera cuenta cuando el sol comenzara a ocultarse, sin embargo Aaron tenía sus pupilas bastante buenas, debido a eso siempre era él el culpable si es que su hermana llegaba tarde a casa, provocando en Stephen aún más repudio hacia su persona.

A paso lento, sin apuro pues no tenía nada que hacer, se dirigió al lavaplatos para poder beber un vaso de agua y ahí fue cuando se dio cuenta de las pisadas que habían en algunas partes de la casa. Frunció su ceño dejando la copa encima del fregadero, caminando de inmediato hacia dichas pisadas. Stephen sabía que no podían ser de él, primero porque aún no se había dirigido hacia el interior de su morada y segundo porque se había cerciorado antes de salir de dejar todo impecablemente limpio. En silencio, sin dejar que el pánico se acomodara en su interior, se dirigió a un pequeño estante cerca de donde se encontraba, tomando una de las tantas armas ilegales que poseía para luego dejar que las pisadas lo guiaran hasta el cuarto de baño. ¿Cuarto de baño? Cargó el arma, asegurándose de quitarle el seguro y abrió la puerta con lentitud, encontrándose con algo que jamás esperó ver.

Alto. Ojos claros. Cabello castaño. Tes blanca. La sensualidad personificada. Stephen se quedó de una pieza observando aquel cuerpo desnudo, tan sólo cubierto por la ropa que tenía en brazos, en ves de traerla puesta, sin percatarse de que el castaño había estado usando su ducha. ¿Cómo prestarle atención a algo tan significante cuando tenía a aquel hombre desnudo frente a sus ojos? Tragó saliva bajando el arma por inercia, quedando petrificado por la imagen. Sus ojos descendieron por todo el cuerpo del chico, provocando que un agradable calor comenzara a recorrer el cuerpo de Stephen, acomodándose en su entre pierna. Pestañeó repetidas veces al sentir cómo su miembro comenzaba a endurecerse. Esa era la primera vez que veía a un hombre de carne y hueso desnudo... ciertamente lo provocaba mucho más rápido que las revistas y pinturas que solía observar por las noches, recuerdos que se había cerciorado de guardar antes de que el mundo se convirtiera en ruinas.

- Vístete y no hagas nada estúpido. - Lo miró directamente a los ojos señalando su arma, indicándole que estaría dispuesto a usarla si es que tramaba algo, tratando de mantener la compostura. Había estado a punto de dar media vuelta, dejándolo solo para controlar sus emociones lejos del castaño, no obstante no podía olvidar el hecho de que él era un extraño desnudo en su casa. En días como hoy no se podía confiar en nadie, criaturas sobre naturales habitaban entre ellos y una cara angélical, cuerpo de ensueño y sonrisa cautivante podía ser el demonio mismo causándote la muerte instantánea si bajabas la guardia. - Te espero afuera. - Cerró la puerta soltando un suspiro inmediato, aún con la mano en el picaporte, apoyando su cabeza en la puerta, sintiendo cómo su corazón latía desbocado recordando al hombre detrás de la misma. Stephen había temido toda su vida porque algo así pasara, ¿por qué no podía sentir aquel calor cuando una mujer se encontraba frente a él? ¿Por qué había tenido que parar un hombre con aquellas característica justamente en su casa, dejando que la tentación naciera dentro de él?

Comenzó a caminar nuevamente hacia la cocina tomándose el agua que había dejado en la copa al seco, teniendo que servirse nuevamente. No quería ni pensar en cómo reaccionaría una vez tuviera al chico al frente otra vez...
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Re: El agua no se le niega a nadie {PRI-VA-DO!}

Mensaje por Erick A. Lombardo el Jue Ene 31, 2013 2:56 pm


"Lo que tu haces se te devuelve, ya sea bueno o malo" Así le había enseñado su madre y Erick realmente se lo había tomado muy enserio, pues aunque le gustaba dárselas de rebelde, bebiendo mucho, fumándose todo, siempre trató con amabilidad a cada persona que se le cruzó por la vida. Ahora sin embargo, solo estaba pagando las consecuencias de sus actos y tenía la impresión de que le costaría caro. La suerte, si existía, no tenía el más mínimo interés por echarle una mano. La expresión de miedo en su rostro, se acentuaba a medida que veía como la manilla de la puerta giraba de manera lenta. Estaba frito, cubrirse sus partes intimas con las prendas que sostenía, fue lo único que pudo y atinó a hacer. Su mirada se clavó en los ojos marrones de un hombre delgado, que aunque no daba la apariencia de un tipo fuerte, portaba en su mano un objeto que le daba la ventaja absoluta, haciendo que Erick retrocediera todo lo que el tamaño de esa habitación le permitió.

- No! no! hey! - dijo alzando una de sus manos, sintiéndose al borde de una taquicardia al ver el arma aunque ésta no estuviera apuntándole. Al menos uno de sus ruegos si fue escuchado, la persona que tenía enfrente era claramente un humano, tenía que serlo, pues de otra forma no estaría amenazándole con un arma de fuego y Erick ya hubiera perdido la vida - tranquilo, no voy a hacer nada, yo solo... - bajó su mirada para verse así mismo, aquella situación era más incomoda que la vez en la que descubrió a sus padres en el acto mismo del apareamiento, copulando cual quinceañeros. ¿Por que se le venía a la mente una imagen tan horrible en ese preciso momento?

El joven que le había descubierto cerró la puerta tras advertirle que le esperaría afuera. Por fin un poco más aliviado, recuperando el aliento, comenzó a vestirse. Se sentía helado cual gélido tempano de hielo, aquellas gotas de agua que rodaban por su cuerpo y que antes le habían dado una agradable sensación con su cálida temperatura, ahora eran frías y le hacían temblar. No tardó mucho en vestirse, solo llevaba unos jeans, una remera blanca y un abrigo que ahora le colgaba del antebrazo. El ruido le guió hacia la cocina.

- Disculpa - la voz le sonó temerosa, sentía una vergüenza terrible, acompañada de miedo. Hizo una inspección rápida del lugar pero no venía el arma, y aún así no dejaba de preocuparle. Se aclaró la garganta y trató de mostrar firmeza al hablar - Creí que la casa estaba vacía y por eso ocupé la ducha - bajó la mirada y se llevó la mano a su frente, tratando de ocultar una sonrisa nerviosa - también tomé un poco de comida - suspiró, no le quedaba más que disculparse. "Piensa, Erick, piensa antes de hacer las cosas" en su mente, la voz de su madre le seguía regañando.

- Lo siento, de verdad lo siento mucho, no es algo que suela hacer. Y te pagaría lo juro, pero no tengo con que hacerlo - ahora que lo miraba un poco más, el dueño de la casa parecía ser el más nervioso de los dos, no era para menos, encontrarse con un hombre, extraño y desnudo en el baño de tu casa debía ser una experiencia traumática y aterradora. En Erick no caía mas vergüenza - ¿te he asustado?
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Re: El agua no se le niega a nadie {PRI-VA-DO!}

Mensaje por Stephen Saunière el Vie Feb 01, 2013 12:59 am

Cuando el muchacho salió del cuarto de baño, encontrándose con Stephen en la cocina, el dueño de casa aún seguía algo alterado con lo sucedido hace un momento. No era por el hecho de encontrar a un hombre desconocido en su casa, en el momento que descubrió que sólo se trataba de un humano el miedo se había disipado de su interior, sino que era por las emociones que lo hacía experimentar dicho hombre. Como cristiano Stephen sabía que sentir atracción física hacia un ser de tu mismo sexo era una aberración y, principalmente por eso, había vivido sus veintidós años pasando de mujer en mujer, tratando de buscar a la que finalmente le entregaría aquello que tanto le hacía falta, prendiéndolo de la manera que explicaba la literatura, como se suponía que debía ser, sin embargo al descubrir el cuerpo desnudo de aquel desconocido ya no le quedaba duda alguna que por más que siguiera revolcándose con mujeres no podría encontrar a la indicada, simplemente porque sus gustos no iban por el lado de la vagina. Así de simple.

Escuchó la disculpa del hombre tranquilizándose por dentro, sosegando aquellas ganas de acercarse al chico y disfrutar de cada centímetro de su piel, apagando la llama de pasión que se había acomodado en su interior, dejando que todo aquello que tan sólo se había atrevido a soñar se materializara allí mismo, en la mesa de la cocina de sus padres, o en el suelo. ¡Joder, hasta el fregadero le servía en aquellos momentos! Lo único que anhelaba era poseer el trasero de aquel hombre, el lugar era lo que menos le importaba. Alzó una ceja, concentrándose nuevamente en las palabras del intruso, mirándolo fijamente a los ojos por primera vez desde que entró a la habitación, percatándose de que había alcanzado a ducharse, pero se había vestido con la misma ropa andrajosa que de seguro traería consigo desde hace días. - Vaya, al parecer sólo te faltó revisar las habitaciones para robarme un poco de ropa. - Sentenció el muchacho mirando fijamente el azul de sus ojos, haciendo un esfuerzo enorme para no perderse en ellos, divagando nuevamente en sus estúpidas ensoñaciones. Carraspeó controlando su interior, dejando el nerviosismo de lado. "¡Ya basta, Stephen! Pareces un virgen quinceañero." Se reprendió mentalmente dispuesto a actuar normal a partir de ahora, no se dejaría intimidar por un hombre por mucha atracción sexual que sintiera con su mera presencia.

- Me asustaste al principio, no sabía qué eras. - Sentenció sin ocultar el hecho de que conocía a seres sobre naturales, si el muchacho lo consideraba loco por eso era su problema. - Pero ya estoy más tranquilo. Puedes conservar la comida, no soy quien para negarte un poco de alimento. - Murmuró desviando su mirada para comenzar a caminar. - Y acompáñame, eres más o menos de mi talla, de seguro encontraremos algo que te quede bueno, no sacas nada con bañarte si luego vestirás la misma ropa sucia. - Sentenció conduciendo al chico escaleras arriba rumbo a su habitación... ¿Sería demasiado imprudente observar cómo se cambiaba de ropa? Stephen antes de la gran "revolución" que asotó el país era estudiante de arte y las pinturas de cuerpos denusdos eran su pasatiempo favorito, sin embargo jamás había podido presenciar a un modelo masculino en carne y hueso, tan sólo a través de los retratos. - Por cierto, soy Stephen... ¿tú cómo te llamas? - Demostró curiosidad. - No te había visto por Venecia y llevo el suficiente tiempo viviendo aquí como para conocer a la mayoría de sus integrantes - Reconoció llegando a su cuarto al fin, haciendo pasar al chico tratando de no pensar que estaba la cama enfrente de ellos. Si tan sólo dejara atrás sus dudas y dejara fluir sus emociones, Stephen estaba seguro que violaria al pequeño allí mismo, sin importarle la culpa o el remordimiento.
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Re: El agua no se le niega a nadie {PRI-VA-DO!}

Mensaje por Erick A. Lombardo el Sáb Feb 02, 2013 3:44 am

"Vaya, al parecer sólo te faltó revisar las habitaciones para robarme un poco de ropa" aquellas palabras viajaron al oído de Erick y le hicieron apenarse. Era un día muy loco para él nada de lo que había hecho hasta ese momento fue algo premeditado, sino que guiado e impulsado por sus necesidades. Él no tenía duda alguna de que si aquel chico hubiera llegado más tarde, se habría encontrado con la sorpresa de que alguien había hurgado entre sus pertenencias y se había llevado algunas de sus ropas, pues de haber salido de la ducha sin que nadie hubiera llegado a casa aún, el mismo pensamiento de «¿Cuanto podría tardar?» lo habría llevado por el resto de las habitaciones, como un intruso. Pero ya lo hecho estaba hecho, y Erick agradeció el haberse topado con un tipo como él, que no solo le había perdonado el robo de agua y comida, sino que ahora mismo le invitaba a cambiarse las andrajosas vestimenta que portaba desde hace días.

Siguió los pasos de aquel amable hombre, cuyo nombre aún no conocía, y durante el camino la mente de Erick comenzó a divagar en diferentes direcciones, como por ejemplo, el sexo ¿Hace cuanto no se revolcaba con nadie? Tenía la sensación de que iba a romper un récord de abstinencia, y todas esas estupideces aparecieron por culpa del trasero de su ahora anfitrión, que por más que hubiese pretendido ignorar, lo tenía justo frente a sus ojos mientras subían por las escaleras hacia el segundo piso. «No te pases Erick, hasta ahora has tenido un poco de suerte, pero si te le insinúas tal vez ni Dios pueda salvarte de una zurra de golpes» Carraspeó cuando la voz de quién se presentaba como Stephen le volvió a hablar, sacándolo de sus pensamientos - Erick, mi nombre es Erick - respondió entrando a una habitación ordenada, pulcra, muy parecida a la impresión que daba su dueño - Nací y crecí en Roma, aunque solía venir a Venecia varias veces al año - clavó la mirada en los ojos de Stephen - claro que ahora paso más tiempo en Florencia. Ir a Roma es un suicidio

Solía comparar la situación de Roma y el vaticano, con la película "El amanecer de los muertos", en la que los sobrevivientes quedaban atrapados en un centro comercial rodeado de zombies hambrientos y desesperados por entrar. El vaticano era el centro comercial, y las criaturas que Erick catalogaba como nocturnas, eran los zombies hambrientos que se habían tomado la ciudad de Roma buscando la manera de entrar en aquella fortaleza impenetrable que llamaban "Tierra Santa".

De repente, la mirada de Erick reparó en una fotografía enmarcada que se encontraba sobre la mesita de noche, a un costado de la cama. Era un detalle que podría parecer insignificante, pero lo cierto es que con solo verlo un recuerdo claro se hizo presente en su mente, e inevitablemente tuvo que acercarse para corroborar que estaba en lo correcto. La fotografía mostraba a Stephen junto a una chica de cabello rubio, siendo esta última lo menos relevante de la imagen. No sabía porqué no lo había notado antes, si lo analizaba el Stephen de la fotografía y el de ahora seguían teniendo la misma cara, pero era la vestimenta que traía en la foto, la que le hizo a Erick retroceder dos o tres años atrás, cuando visitaba un museo en Venecia y vio por primera vez a ese chico que antes no le había resultado familiar.

- Linda foto ¿Cuando te la tomaste? - preguntó mientras tomaba la fotografía entre sus manos, definitivamente era él. Aquel muchacho le había parecido muy atractivo cuando le vio en el museo, de él le había gustado todo, la forma en que observaba las obras, ese brillo que tenía en su mirada que le había hecho imposible el no espiarle. Tenía rasgos suaves y tiernos, se le hacía muy agradable con solo verlo. En aquel entonces algo le había hecho intuir que era gay y que debía hablarle, sin embargo no había podido debido a su acompañante. ¿A Stephen le gustaban los hombres? Pensar en la posibilidad de que aquello fuera cierto le hizo dirigir su vista hacia la cama, ¡era perfecto!. Dejó que la imaginación le despertara el deseo en las ingles. «No se gana sin arriesgar y nunca se pierde cuando se ha intentado» decía el refrán, y él estaba dispuesto a apostar. Stephen no parecía una persona agresiva, por lo que a lo mucho le echaría de su casa si todo resultaba mal, pero en su fuero interno, algo le decía que lo iba a conseguir. Lanzó una mirada por encima de su hombro a Stephen, recorriendo su cuerpo de pies a cabeza antes de hablar - ¿Te gustan los hombres?- le preguntó sin dar rodeo alguno, esa tarde había conseguido comida, ropa y agua, pero todavía podía sentirse aún más satisfecho - Porque si es así, creo que se me ha ocurrido como pagarte...si entiendes a lo que me refiero
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Re: El agua no se le niega a nadie {PRI-VA-DO!}

Mensaje por Stephen Saunière el Mar Feb 12, 2013 6:47 pm

Erick. Sí, tenía pinta de Erick. Stephen asintió a su presentación escuchando su explicación sobre el por qué no le era conocido. Efectivamente los padres adoptivos del castaño tenían una muy buena situación económica antes de la gran revolución, y aún la seguían teniendo, sin embargo Stephen jamás había abusado de aquellos privilegios visitando cuanta ciudad se le presentara por delante, por lo que Roma tan sólo había sido su paradero en un par de ocasiones, motivo por el cual era casi imposible que conociera a aquel joven de alguna parte. - Sí, visitar Roma ya es historia, es imposible sobrevivir allí. - Le concedió con un deje de amargura. Para nadie era un secreto que los tiempos que estaba viviendo eran bastante difíciles, sin embargo decirlo en voz alta era aún peor que tan sólo pensarlo, lamentablemente no había nada que él o alguien pudiera hacer para remediarlo.

Caminó hacia una de sus cajoneras notando cómo se hacía el silencio, debido a que cada uno estaba absorto en sus propios pensamientos, rebuscando entre ellos primeramente lo más esencial: Bóxer. Se le secó la boca al pensar que aquella prenda cubriría el miembro recién lavado del joven que tenía detrás. Envolviéndolo, brindándole calor, apretándolo... haciendo todas las cosas que él anhelaba hacer con su boca y con su mano. "¡Demonios, Stephen! Pareces un adolescente." El muchacho no tardó en reprenderse, si bien era cierto que el moreno ya no era un niño pequeño, tampoco era un adulto por completo. A sus veintidós años había recorrido el cuerpo de cuanta mujer se le había cruzado por delante, pero aún no había tenido el privilegio de siquiera besar los labios de un hombre. Sacudió su cabeza disimuladamente, tratando de sacar aquellos eróticos pensamientos de su mente y siguió con su búsqueda sacando también un par de calcetines de aquel cajón. Continuó con el segundo, tomando un jeans y una polera que combinara, en el momento justo en el que el muchacho le hace una pregunta algo curiosa.

Stephen frunció su ceño ante su evidente interés en la fotografía, mas le restó importancia después de unos segundos, sonriendo al recordar el momento. - Esa fue la primera visita de Clarisse, mi hermana, a un museo. - Musitó recordando que su hermana había querido acompañarlo aún cuando no podría presenciar las bellezas debido a su ceguera. - Antes de lo que pasó estudiaba Bellas Artes en la universidad y aquél día debía ir a ver algunas exposiciones. Mi hermana no pudo resistir la tentación y me acompañó. Ella es la de la foto. - Le explicó con entusiasmo al tiempo que dejaba la ropa sobre la cama, impidiendo que sus pensamientos siguieran vagando por terrenos sexualmente peligrosos. Se dispuso a alejarse de la cama, para que el muchacho se vistiera tranquilo, sin embargo nuevamente una pregunta de él lo sacó de sus pensamientos dejándolo absolutamente consternado. - ¿Qué? - Respondió a su interrogante con otra, dejando en evidencia su sorpresa, incrédulo ante su sugerencia.

El semblante del muchacho se oscureció, sin poder creer que el castaño se atreviera a decir semejantes palabras. Stephen no era estúpido, supo desde un principio que la forma con la cual lo miró en el cuarto de baño lo había delatado. El hombre allí presente lo excitaba y no había hecho nada por ocultarlo, sin embargo de ahí a ofrecer un encuentro sexual como medio de pago le hirió el ego bastante fuerte. ¿Acaso tan sólo se acostaría con él por gratitud? Aún con la expresión sombría se acercó al muchacho y, sin pensar en las consecuencias, tratando de darle una lección al pequeño, lo tomó de la cintura, atraiéndolo hacia él dejando que sus cuerpos se rozaran, posando sus labios muy cerca de los de él. El olor a jabón y shampoo le llegó de lleno a la nariz, pasando por encima del horrible olor de la vestimenta que andaba trayendo. - Sí, me gustan los hombres. - Respondió mirándolo directamente a los ojos con intensidad, perdiéndose en ellos. - Pero no acepto encuentro sexuales por caridad, así que si eso es lo único que te ha motivado a hablar, puedes meterte tus agradecimientos por la raja. - Sus palabras sonaron frías, distantes, pronunciándola entre dientes, sin embargo aquello no disminuyó ni un ápice el calor que había entre ambos, muy por el contrario, la excitación y el deseo que el moreno estaba sintiendo lo único que hacia era aumentar, aumentar y aumentar. Desvió su mirada, la cual había estado posada en sus ojos, hacia sus labios. Se paso la lengua por la comisura de su boca, sintiendo el deseo en su interior por penetrar aquella húmeda cavidad con su lengua, explorándola hasta quedar sin respiración, sacándose las dudas de una vez por todas, mas se contuvo. ¿Cómo podría besar a un hombre que sólo mostraba interés en él porque se sentía agradecido? - Vístete y luego te vas. No tienes para qué despedirte, no será necesario. - Murmuró alejándose de él, notando como su cuerpo le reclamaba por eso, anhelando poder permanecer junto a su cuerpo tan sólo unos minutos más.

Stephen reprimió todo lo que su cuerpo le estaba pidiendo, se dio media vuelta y salió de la habitación, sabiendo que aquél había sido el peor error que había podido cometer en su vida. Deseaba poseer aquél cuerpo, quería saborearlo, quería que Erick acariciara su pene, llevándoselo a su boca hasta hacerlo gemir de placer, sin embargo el moreno era algo orgulloso y las palabras del castaño no le habían parecido del todo correctas... Era como pagar por sexo, algo a lo que el estudiante de Bellas Artes jamás había tenido que recurrir y no comenzaría ahora.
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